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El ángel Cassiel es el ángel de la templanza y el equilibrio, también conocido como el ángel del Karma de la Ley de Causa y Efecto. Limpia los karmas individuales y familiares./Carolina Isava.

Cassiel es el Ángel de la Templanza y Príncipe del Orden de las Potestades. También príncipe predominante del séptimo cielo y uno de los príncipes de la orden de energías. Encarna la Justicia y la Protección, los honores merecidos y los castigos justos. Es El Juez Inapelable; su metal es el plomo, su gema la turmalina negra, ónix negro y grises oscuros, embajador planetario de Saturno en la Tierra.

Es el ángel de Capricornio y Acuario, y por supuesto de capricornianos y acuarianos (junto con Uriel por Urano). Uno de sus atributos es conocer las frecuencias y por lo tanto preside los delfines, y la vida oceánica en general, su nombre se escribe Cassiel , Cassiel o Casziel.

Cassiel es el Sr. del Karma (la ley universal del efecto y la causa): El hombre imagina y crea las cosas y el Karma ajusta los efectos para restablecer el equilibrio. Todo acontecimiento siempre ocurre como consecuencia de otro anterior, pues existe estrecha relación entre lo que ha pasado y lo que sucederá. 

Es llamado también de la curación del karma porque une el mundo material con el espiritual. Por eso es tan invocado en asuntos de este tipo como la meditación o limpieza energética.
Con respecto a los asuntos espirituales, en sus manos están el tiempo (Cronos) y las limitaciones humanas que el hombre encuentra para su desarrollo.

Oración:
Bendito seas Soberano, Padre de los cielos y tierra, hacedor de maravillas inconmensurables, fuerza divina de la gracia, en ti que eres verbo, emanó la vida, y de tu glorioso nombre, surgió todo. Mucho más de todo lo que pueda llegar a imaginar.
Bendito seas Patriarca Perfecto de la vida. Yo te pido, especialmente, amado Padre de los cielos, que por la intercesión del Arcángel Cassiel, intercesor por excelencia de tu palabra, hagas llegar a mi aquello que debo recibir y aquello que debo aprender, bajo el más poderoso y puro manto, de tu piedad inmedible a los ojos de un humilde ser humano como yo; para que mi estructura y acción en éste mundo tengan el cuerpo, peso y expresión de tu fuerza creadora. Para que la reflexión, abra paso rápidamente a tu providencia divina, y para que el mundo todo, recuerde día a día lo indivisible de tu grandeza, pues ninguna palabra te puede contener. Te lo pido también, en el nombre de tu Santo Hijo Jesús, en el nombre del Querubín Espíritu Santo, y de la Bendita Virgen María, ahora y siempre, por los siglos de los siglos ¡Amén!